domingo, 25 de septiembre de 2011

57. ‘En Pujamunt’. Redescubriendo a Llorenç Garcias i Font.

Un libro rescata la vida y la trayectoria de este farmacéutico mallorquín de
intensas convicciones sociales, naturalista de vocación y catalanista de corazón,
que dejó una importante obra científica sobre la flora y la fauna de las islas.





La decisión, por parte del Consejo editorial de la colección de libros ‘La Ciència
a les Illes Balears’, de dedicar su décimo volumen a Llorenç Garcias i Font, Pujamunt, a la vez de dar constancia de su activa vida y de su extensa obra, nos permite recuperar una figura vital del saber y la investigación de Mallorca, desconocida por muchos isleños.
Sus autores son su biznieta Mirella Garcias Frau y Guillem X. Pons. La obra se presentará en Artà, el próximo 7 de octubre, y después, en Barcelona.
La vida de Llorenç Garcias (Artà, 1885-1975) abarcó 90 años de la historia de este
país y estuvo marcada, principalmente, por su religiosidad, su catalanidad, sus preocupaciones sociales y su amor a la naturaleza, expresado a través de su faceta científica, que inició al licenciarse en Farmacia, profesión que ejerció en Artà.
Asentado como farmacéutico en la citada localidad, contrajo matrimonio en 1912,
con su paisana Maria Àngels Blanes i Blanes, que falleció en 1918. De está unión nacieron Joan Maria (1915-1983), farmacéutico y zahorí, y Joana Maria (1918-1943).
Nacido en el seno de una familia de farmacéuticos, su nieto, Joan Llorenç Garcias i
Truyols, representa hoy la cuarta generación de ‘apotocaris’ Garcias de Artà. Él es autor de uno de los prólogos del libro. Al finalizar el bachillerato, con quince años, Llorenç Garcias se traslada a la Ciudad Condal para realizar el examen de ingreso en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Barcelona y elige la carrera de Farmacia, rama de la ciencia a la que le empuja su vocación naturalista,
en la que emergen también la química, la mineralogía, la botánica, la física o
la zoología.
Entre otras influencias de su etapa de formación, no faltan las de una serie de profesores y compañeros de carrera, a los que les unió su pasión por la cultura, la artes y el país, entonces en plena efervescencia ‘noucentista’.
Fue un sentir de catalanidad profundo al que Garcías i Font nunca renunció, y que le llevó, conjuntamente con 152 mallorquines más, todos reputados representantes
de la intelectualidad, el arte y la ciencia de la isla, a firmar, en 1936, pocas semanas antes dels inicio de la Guerra Civil, la ‘Resposta als catalans’, como contestación al ‘Missatge als mallorquins’, un manifiesto enviado antes por los intelectuales catalanes a los isleños. Esta acción se convertiría para muchos en un pesado lastre en la España de Franco.
Durante su larga estancia en Barcelona, con los lapsus vacacionales universitarios en Artà, Llorenç Garcias inició una serie de amistades que perduraron durante su vida, entre las que se encuentran científicos como los naturalistas Joan Baptista d’Aguilar, los hermanos Josep y Salvador Maluquer y Joan Alzina Melis. Con este último, también mallorquín, natural de Capdepera y reconocido médico psiquiatra, un adelantado en educación especial de jóvenes con problemas mentales, Llorenç Garcias vivirá momentos felices y otros al borde de la tragedia. Se puede decir que ambos se salvaron la vida mutuamente durante la Guerra Civil, que les pilló en Barcelona. Mientras que Alzina dirigía en aquel trágico 19 de julio el Frenopàtic de les Corts, Garcias se encontraba en él como paciente, restableciéndose de una crisis.
El de Capdepera, como tenía en el establecimiento que dirigía la plaza de farmacéutico libre, consigue que su amigo de Artà la cubra. Así, Pujamunt logra un sueldo, aunque corto, pero compensado con alojamiento y pensión completa, además de un carnet sindical de la CNT, en ocasiones unaespecie de salvoconducto. Durante el terror que sembraron los anarquistas, Alzina es detenido y llevado al vapor ‘Argentina’, convertido en prisión flotante. Antes, puede encargar a Garcias que ponga a buen recaudo unos papeles que le comprometen.
Entrado el otoño de 1936, el psiquiatra de Capdepera es puesto en libertad, lo que
es casi un milagro, pues solo él y otro recluso del barco-prisión ‘Argentina’ son los únicos en salvarse de ser fusilados.
Al finalizar la Guerra, Garcias regresó a Mallorca y tuvo que pasar por un tribunal
de depuración, saliendo bien librado gracias a su amigo Alzina, que era uno de los responsables del clandestino Grupo de Información Secreta Concepción. A pesar de lo
que podía pasar a quienes habían pasado la guerra en la llamada ‘España roja’, había inscrito con anterioridad, y sin que Garcias i Font lo supiera, en su lista de agentes. Todo un acierto, pues sobre el ‘apotecari’ de Artà pesaba su condición de “catalanista”.

VOCACIÓN CIENTÍFICA

Nada más iniciar sus estudios de Farmacia, Llorenç Garcias i Font muestra una gran inquietud científica, lo que le lleva, en 1902, conjuntamente con una serie de compañeros, a ingresar en la Institució Catalana de Ciències Naturals, con sede en Barcelona. Si bien en 1904, con sus condiscípulos más afines, todos ellos con el denominador común de mantener un espíritu tan crítico como creativo ante la actitud un tanto acomodaticia y en cierta manera anclada en el pasado de la citada institución, decide escindirse de la misma, creando la Institució
Catalana d’Història Natural (ICHN). En 1905, Garcías es elegido secretario de la
ICHN, casi coincidiendo con su nombramiento de ayudante del eminente investigador
genético Antonio de Zulueta i Escolano,responsable de las colecciones científicas
de la misma institución. También, desde esa colaboración con Zulueta, apartado
de la Universidad tras el triunfo franquista por sus colaboración con la República, inicia sus colaboraciones científicas en el Butlletí de la ICHN, tratando, generalmente temas de botánica, mineralogía, ornitología y, y tambiém sobre los artrópodos, y teniendo como protagonista principal a la naturaleza isleña.
Ya farmacéutico, Llorenç Garcias i Font inicia su vida profesional en Artà y suma a
sus artículos en el Butlletí los que publica en otras revistas científicas, entre las que se encuentran el Bolletí de la Societat d’Historia de Natural de les Balears y la Collectánea Botánica, además de otras colaboraciones en periódicos y en la revista Llevant, aparecida en 1916 y editada en defensa de los intereses
de Artà y su comarca. La publicación fue fundada por el profesor Andreu Ferrer
Ginard (1887-1975), el sacerdote Llorenç Lliterasi Lliteras (1893-1973) y el propio Pujamunt, que llegó a publicar en ella unos 38 artículos, en los que tocó temas sociales, sanitarios, agrícolas y científicos. Años después, fundó la publicación Bellpuig, cuyo primer número quincenal apareció en enero de 1960.
Los diferentes prólogos que se insertan en este libro, titulado Llorenç Garcias i Font. Científic i Promotor Cultural son aportados por Josep M. Ninot Sugrañes, presidente de la Institució Catalana d’Història Natural; Antoni M. Grau i Jofre, presidente de la Societat d’Història Natural de les Illes Balears; Antoni Real i Ramis, presidente del Col·legi Oficial de Farmacèutics de les Illes Balears y
Antoni Llorenç Garcias i Truyols, nieto suyo y también farmacéutico. Todos coinciden en resaltar una serie de valores personales y profesionales del eminente científico mallorquín, entre los que destacan el amor por la naturaleza o su pasión por la botánica, a la que aportó durante su vida unas siete mil muestras, con unos 1.500 registros de plantas diferentes. Destaca también su gran formación
científica, a pesar de estar casi siempre en Artà, alejado de los centros científicos, si bien esta circunstancia geográfica la subsanó eficazmente con los contactos que mantenía fuera de su isla, la constante visita de personalidades científicas, artistas e intelectuales, a los que muchas veces hizo de guía, como es el caso de su amigo el poeta Josep Carner.
Llorenç Garcias está considerado una auténtica ‘rara avis’ en la ciencia balear de la primera mitad del siglo XX, a la vez que luchador infatigable para lograr la dignidad que se merecía la profesión farmacéutica, junto a la normalización lingüística colegial en Balears, el acercamiento del conocimiento a sus conciudadanos o su inquietud social, plasmada en su participación en sindicatos
agrarios católicos, actividad cortada en julio de 1936.
Otra preocupación suya fue la salud de sus conciudadanos, especialmente la de los menos favorecidos, por lo que cooperó activamente en el campo de la higiene, en especial, con el último alcalde republicano de Palma, el doctor Emili Darder, fusilado en Palma en 1937.
Su labor científica, materializada en amplias colecciones dedicadas, esencialmente,
a la flora y fauna silvestre de Mallorca, le llevó a convertirse en un autentico montañero, dominando los más abruptos itinerarios de la serra de Tramuntana, incluido su escarpado litoral. Incluso, fue uno de los primeros ecologistas de la isla, previniendo en la década de 1950, ante los inicios de turismo a gran escala, los peligros de una urbanización desenfrenada y salvaje del territorio, tanto a nivel paisajístico como para la fauna y flora.
Cuando se anunció, con motivo de los acuerdos de ayuda mutua firmados entre España
y Estados Unidos en 1953, la construcción de una estación militar de radares
de alerta y control, con implantación de dos gigantescas antenas en la cumbre del puig Major, con su amigo el geólogo mallorquín Guillem Colom Casasnovas, escribieron
una carta a los mandos estadounidenses que dirigían el proyecto, protestando por la voladura que se iba a hacer el el pico más alto de la isla, para amputarle los catorce metros finales de su altura, y conseguir una base plana de asentamiento. La protesta de ambos científicos cayó en saco roto, si bien, los dos pudieron ser testigos directos de la explosión, a la vez que recorrieron la pista construida
para acceder desde la carretera de Sóller a Lluc en junio de 1958.
Al finalizar su dilatada existencia, Llorenç Garcias Font dejó una importantísima y exhaustiva obra científica, repleta de colaboraciones, trabajos, documentos, colecciones, otros trabajos e iniciativas diversas y una importante correspondencia con personalidades de su tiempo, incluido sus famosos ‘Quaderns de campanya’.
Paralelamente, queda constancia de su protagonismo en las fundaciones de la Associació Cultural Minerva, de la Societat
d’Història Natural de Balears (1945), de l’Associació per la Cultura de Mallorca (1926) o de la Sociedad Española de Ornitología (1954), entre otras, además de crear una Caja Rural. También colaboró con Antoni Maria
Alcover i Sureda en el Diccionari Català-Valencià-Balear.
De entre su legado, no hay que olvidar su trabajo constante y decisión para que se
mantuviera el Museu Regional d’Artà, el cual ayudó a fundar en 1927 y al que legó diversas colecciones etnológicas, zoólogicas y de flora de Mallorca y del que fue conservador durante parte de su vida. Su personalidad como ciudadano, científico y defensor de su lengua y cultura, en el marco de un largo exilio interior, queda reflejada en su rápida y rotunda respuesta a la posibilidad que le concedieran la encomienda de Alfonso X El Sabio, durante la dictadura franquista: “D’aquesta
gent, no la vull”.

Fuente: Guillermo Soler.

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